Familias …a contracorriente

¿Hay coherencia en nuestra vida? Si no la hay, nuestros hijos son los primeros en detectarlo…

La familia que vive la Fe, la transmite “engendrando” esa Fe en sus hijos. La Fe debe impregnar el corazón de la vida familiar. Somos familias contra-corriente. Tenemos que enseñar a nuestros hijos a ir contra-corriente… Y sólo hay un camino para enseñar eso: ir nosotros. Para ello, hemos de tener respuesta a la pregunta sobre el sentido de nuestra vida. Los padres somos la principal referencia de nuestros hijos. Si somos referencia, les estamos dando seguridad. Dar referencias, no siempre es dar protección (aunque también hay que darla)…

¿Tenemos nosotros unos amigos en el Espíritu que nos ayuden a crecer? ¿Personas que sean también mirada exterior que nos acompaña espiritualmente y nos ayuda cuando no vemos el camino a seguir?

Una familia cristiana sola (familia contra-corriente) se debilita, se acomoda a una fe socialmente establecida, a unos ritos… y pierde la vitalidad y la audacia del Espíritu. La pareja necesita de hermanos –otros matrimonios- que puedan compartir nuestra vida espiritual y humanamente. Nuestros hijos necesitan conocer otras familias cristianas. Otros padres que son “raros” como los suyos. Otros niños/as de su edad que tienen una familia donde también se bendice la mesa, se reza, se habla de Dios, se escucha música cristiana.

 

¿Cómo vivimos espiritualmente el Domingo? ¿Somos conscientes de su importancia para nuestros hijos/as?

El Domingo: día del Señor, en el que juntos participamos en la Eucaristía. Día de fiesta en casa, día de estar en compañía y disfrutar de las cosas que Dios nos ha dado. Nuestros hijos, desde que nacen, tienen que vivir la realidad del Domingo. No lo paganicemos. Tiene una gran importancia en el crecimiento espiritual del niño/a.

 

¿Cómo va nuestra oración familiar? Si en estos momentos no existe, ¿cuándo pensamos empezarla o reanudarla?

Dios quiere hacerse presente en nuestra casa. Es urgente recuperar la oración familiar. Sigue siendo verdad la frase: “Familia que reza unida, permanece unida”. Es necesario que los padres luchen por conquistar cada día este tiempo para Dios. Es tiempo que cura, limpia, serena… a toda la familia. Cuando una familia se reúne cada noche en el salón de su casa para rezar -aunque sólo sean cinco minutos-, Dios mismo se hace presente allí donde vivimos y Él viene a dar a cada uno lo que necesita.
– Momento breve pero intenso: Un misterio del rosario, un canto, un salmo, unas peticiones por cada miembro de la familia, también petición de perdón de unos para otros, una cita bíblica, etc.
– A veces, debemos unir la oración a un momento de diálogo o de cercanía y alegría de vivir juntos y ser de la misma familia.
– La oración familiar diaria es como gota de agua que constantemente cae sobre la roca dura y fría de nuestros corazones y de nuestra vida cotidiana.

 

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