Un Domingo que no pasa

“Tendrán visiones los jóvenes y sueños los ancianos” (Hch 2, 17)

De esto hace ya un tiempo… Habíamos luchado por sacar adelante este Encuentro de Familias en la zona norte de Cáceres, pero, la verdad, no esperábamos una gran afluencia. Pues bien, aquella madrugada soñé que llegaba de pronto, en medio de un ambiente soleado y alegre, una prodigiosa cantidad de personas al colegio de las esclavas del Divino Corazón donde íbamos a pasar el día. Me he sentido tentado a hablaros de mi sueño, pero, ¿cómo hacerlo y quedar satisfecho? Era un sueño festivo, de alegre bienvenida.

Cuando aquella mañana conducía hacia allí comenté la visión con mi mujer, riéndome de la distancia enorme que parecía alzarse entre la mañana que se nos presentaba y el deseo proyectado en aquel sueño.

Al llegar, pasamos a acoger a las pocas familias que vinieron, con ánimo paciente, y enseguida a comer para que el cuerpo al menos quedara consolado. Sin embargo, a la hora de los postres, alguien llegó de pronto al comedor con una noticia misteriosa: se acercaban al colegio nada menos que 400 muchachos y chicas de la familia Spínola, fundada por este santo cardenal en el poco tiempo que residió en Coria. Y llegó, en efecto, al cabo de una hora, una riada interminable de adolescentes a quienes acogimos con cariño y emoción y dimos de beber como pudimos. Y como tenían que pasar por la capilla, según el recorrido provisto, allí nos encontraron cantando “en el bullicio de la fiesta” (Sal 41,5) nuestras más invencibles canciones… ¡Qué distinto hubiera sido que aquellos jovencitos hubieran atravesado una capilla vacía de voces y calor humano: apenas habrían supuesto que en el Sagrario se hallaba presente el Autor de la vida!

Se trata de una imagen soñada, de una escena efímera, pero a mí me evoca un Domingo de Ramos que no se vuelven grises, un Domingo de Pascua que no pasa.

Juan Sáinz de los Terreros

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