Un DON al servicio del Amor

San Juan Pablo II ha desarrollado enormemente la espiritualidad conyugal, superando una tradición que ha venido marcando a la Iglesia y mantenía la dicotomía entre cuerpo y espíritu. Desde este punto de vista, había una entrega a Dios más perfecta –la de los consagrados- y otra entrega a Dios que era como “mal menor” –la vida matrimonial-. Durante mucho tiempo, el acto sexual era considerado bueno en cuanto que resultaba imprescindible para perpetuar la especie y para que surgieran nuevos consagrados. Todavía hoy sigue pesando esta tradición y, cuando pedimos por las vocaciones, parece que nos refiriésemos fundamentalmente a las vocaciones sacerdotales. Estamos atisbando una nueva era en cuanto al matrimonio cristiano como camino de santidad, como proyecto de Dios.

«La sexualidad es un don precioso de Dios que está al servicio del amor»

Es un don para expresar una comunión profunda entre dos personas y la entrega de todo su ser en un compromiso recíproco y permanente. La sexualidad es una sirvienta al servicio del rey, que el amor.Dios nos creó cuerpo y alma. Ambas realidades no pueden crecer por separado. Han de integrarse en una única realidad que forma un “yo”.

En esto consiste nuestro crecimiento. Ello implica:
– Aceptar nuestro cuerpo. Amar nuestro cuerpo. Aprender a conocerlo y dominar la sexualidad en cuanto impulso meramente carnal.
– Aceptar nuestra historia, nuestro pasado, nuestras limitaciones, las circunstancias que no hemos podido elegir. Acoger nuestra humanidad.
– Desear crecer íntegramente, pues somos cuerpo, mente y espíritu.
– Aceptar que tenemos una vida que implica libertad para elegir opciones diferentes.
– Sentirnos parte de una comunidad y no sólo individuos aislados. Sentido de pertenencia.

Por eso decimos que la sexualidad es un don doloroso en cuanto lleva consigo el sufrimiento que hace crecer y madurar afectivamente a la persona.

Estamos planteando una actitud contracultural, en una época en la que la sexualidad está totalmente trivializada por los medios de comunicación. Los niños y jóvenes reciben hoy el espejismo de una sexualidad fácil, sin responsabilidades y desvinculada de un compromiso con el otro, separada de la fecundidad. La sexualidad vivida de esta manera inconsciente, lleva a la decepción, al aislamiento, a la frustración y a la manipulación de la persona en cuanto que es usada como objeto de placer.

Familia, ¡sé lo que eres!” – Comunidade Caná

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