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El sábado 17 de octubre el Señor nos convocó a un nuevo Encuentro, de la mano de su Madre, en la Parroquia de Nuestra Señora de la Visitación de Las Rozas. Allí nos llenó con la alegría de su Espíritu Santo y abrió nuestras mentes y corazones para acoger maravillosos regalos que nos tenía preparados.
Desde el minuto cero, la siempre cálida acogida de unos a otros, las sonrisas, los abrazos del reencuentro, el cariño de todos … manifestó la Presencia de Dios en nosotros y entre nosotros. Ese Encuentro es oración en la que Él, siempre fiel a su Palabra, se hace presente donde dos o más están reunidos en su Nombre (Mt. 18, 20).
Comenzamos con una ungida alabanza dirigida por nuestros hermanos Antonio y Pilar que hizo arder nuestros corazones y levantar nuestras manos con gran alegría.
Después de invocar al Espíritu Santo con la hermosa canción de “Ruah”, leímos y meditamos la Palabra del Señor en la Carta de San Pablo a los Romanos 11, 33-36: «¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a Él primero, para que le fuese recompensado? Porque de Él, y por Él, y para Él, son todas las cosas. A Él sea la gloria por los siglos.»
Cada hermano fue compartiendo con los demás aquello que el Espíritu Santo le había resaltado en la Palabra y la inspiración que había recibido, lo que fue de gran enriquecimiento para todos. De todo lo compartido, pudimos extraer la conclusión de que Dios es soberano, principio y fin de cuanto existe. Sus planes y su conocimiento superan inmensamente nuestras capacidades. Ello nos ha de llevar a reconocer su Majestad y, con gran humildad como criaturas suyas, someter nuestros planes a los suyos, confiando plenamente en su Providencia.
¿Y qué es la humildad sino “andar en verdad”, como magníficamente escribió Santa Teresa de Jesús a la que habíamos festejado dos días antes? Por ello, la meditación de esta Palabra nos dio la claridad necesaria para acoger la enseñanza que impartieron seguidamente nuestros queridos hermanos Nacho y Gabriela. Enseñanza que llevaba por título “LA SINCERIDAD”.
Tomando la imagen de nuestro ser como vasijas o ánforas de barro distinguieron entre aquellas ánforas parcheadas “con cera” para tapar sus grietas y aquellas otras “sin-cera” que se presentan ante Dios y ante los demás como realmente son.
Meditamos como muchas veces identificamos la verdad de nuestro ser de forma parcial, únicamente con aquello que sentimos quedándonos sólo en el plano emocional. Sin negar la realidad de nuestras emociones, no nos podemos quedar ahí sino que estamos llamados a vivir la Verdad de Cristo que trasciende de la pregunta “¿qué siento en este momento?” a la de “¿es justa y coherente con el Amor mi actitud?”.
Llevar los sentimientos al plano de la acción requiere un discernimiento desde la Verdad de Cristo. Este discernimiento que ilumina la razón y guía la voluntad con la Gracia Divina, nos debe orientar, no a realizar automáticamente todo lo que sentimos, sino a obrar dirigiendo nuestro actuar hacia el Bien. Ese discernimiento nos llevará a distinguir aquellas decisiones que adoptamos con sinceridad, esto es, acordes a la verdad, de aquellas otras que tomamos desde nuestros miedos y heridas (por ejemplo, decir lo que otros quieren oír para evitar ser rechazados). En nuestras relaciones interpersonales, la sinceridad nos llevará a comunicar la verdad con caridad y a huir de las máscaras que ocultan nuestros miedos e inseguridades.
Vivir en sinceridad implica presentarnos ante el Señor tal como somos, con esos miedos, heridas y grietas para que Él, como el Gran Alfarero que es, nos transforme con su Espíritu Santo convirtiéndonos en hombres nuevos, nuevas ánforas capaz de llevar su Presencia real al mundo. Nacho y Gabriela compartieron generosamente su testimonio que nos ejemplificó claramente cómo con la Gracia de Dios se puede vivir en coherencia con la Verdad una situación familiar en la que hubo que anteponer la sinceridad en Cristo incluso a relaciones con personas muy cercanas a nosotros.
Al hilo de esta maravillosa enseñanza, realizamos unas divertidas y didácticas dinámicas que nos ayudaron a ver con ejemplos prácticos aquellas situaciones de la vida cotidiana en las que se nos plantea la disyuntiva entre actuar en la verdad “sin-cera” (conforme al plan de Dios) o según lo que los demás esperan “con cera”. Con una máscara blanca, sin rasgos personales, cada uno de nosotros decía la frase contraria a la verdad de la Palabra de Dios. Y así lo hicimos con citas bíblicas como “la Verdad os hará libres” o “el Señor se complace en los que dicen la verdad”. Fue edificante sentir como chirriaba en nuestro interior las frases contrarias a estas citas.
La dinámica siguiente, aún más divertida, consistía en representar escenas de la vida cotidiana donde hemos vivido esa Palabra de Dios traducida a la inversa. Esas situaciones estaban encerradas en globos que había que explotar y después en las pequeñas teatralizaciones de esas situaciones comprobamos que aquello que chirrió tanto en nuestros oídos en la dinámica anterior, a veces lo hemos vivido en las relaciones con los demás.
Finalmente, renovados con la alabanza, la Palabra de Dios, la enseñanza y las dinámicas, llegó el momento de compartir las ricas viandas que cada uno pudimos traer. Como siempre, la mayor riqueza de la cena no estaba en la comida deliciosa, sino en estar unos con otros, en escucharnos, en acogernos.
Damos gloria a Dios por tanta bendición y esperamos con gran anhelo el siguiente encuentro.
Carmen Alba.



