Hoy quiero hospedarme en vuestra fraternidad: «Ved qué dulzura, qué delicia, convivir los hermanos unidos» (Sal 133, 1). Que vuestra fraternidad con otras familias os haga vivir la dulzura y la alegría de los hermanos unidos en Cristo. Te pedimos, Señor, que nos hagas entender lo que…
Somos una FRATERNIDAD de FAMILIAS que experimentamos la acción renovadora del Espíritu Santo en su Iglesia y su gracia poderosa en el Sacramento del Matrimonio haciendo de nuestros hogares verdaderas Iglesias domésticas en las que se vive la oración en común, la hospitalidad, el servicio y la evangelización.