Navidad en Combarro

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               Un nuevo paso en nuestra senda de Fraternidad de Familias tuvo lugar en este último mes de 2022 que ya está cerca de concluir. Seguimos la línea de lo que empezó con el nuevo curso tras el verano y seguimos empeñados en vivir eso del sínodo a nuestra manera, o mejor dicho, no a la nuestra, sino de la mano del Espíritu Santo que nos lleva a caminar junto a otros. Por eso, dejamos un poco la comodidad y nos ponemos en marcha desde nuestro lugar habitual (como María y José) y nos vamos a las casas de otros hermanos. Lo bueno de tener un Padre tan excelente e inmensamente dueño como el del Cielo, es que todo es suyo y tiene casas en muchísimos sitios y a una de ellas nos acercamos al ir de visita a la Parroquia de Combarro. Un viaje a otra casa que nos ha alegrado y que empezamos a entender como parte del puzle vivo que El Señor tiene en su mente o sus manos. Somos testimonio de Evangelio actualizado, me voy dando cuenta de que incluso sin darnos cuenta, sembramos, participamos del plan de Dios con pequeños actos.

              Dicho y hecho, a tierras de Combarro llegó nuestro variopinto grupo con un guion que tenía la vista puesta en los profetas del Antiguo Testamento. Los pasajes de Jeremías, Isaías o Zacarías tomaron voz entre nosotros. Ellos desembocaban en alguien que vendría para ellos y para nosotros: JESÚS, nacido de María, descendiente de los patriarcas, de David y a través de las generaciones hasta José, un padre silencioso, humilde, pero que soñaba cosas importantes. Por eso, quisimos rememorar la escena (gracias a la familia de Susana y Fran por su colaboración en vestuario y personal) de los papás de Belén que esperan la llegada del niño anunciado.

         Hablando de niños, en otros encuentros previos a este, personalmente sentía la luz como protagonista de lo que vivimos. En esta ocasión hubo para mí dos protagonistas principales: los niños y el Espíritu Santo, aunque también hubo presencia de luz. Me explico:

         Los niños son esos seres maravillosos que alegran la vida de sus padres y (ahora que no nos escuchan) especialmente de sus abuelos, cuando nacen. Después, según crecen, se convierten en otro tipo de criaturas un poco más complicadas que somos los adultos, una lástima… Pues bien, en este encuentro tuvimos la suerte de que participaron muchos niños de la parroquia y se notó su toque de frescura, de inocencia y alegría. Algunos tuvieron oportunidad de conocer a un Rey que no sabían que vive en una pequeña habitación que presidía el altar de su iglesia e incluso, alguno de esos pequeñuelos (como les llamaba Jesús) fueron de la mano de sus abuelos o sus papás a tocar la puerta del Señor. También bailaron, improvisaron y nos enseñaron a ser espontáneos, a no tener vergüenza y ser naturales. Ya deberíamos saber a estas alturas que el Reino de Jesús es para los que son como ellos.

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             El Espíritu Santo es algo más complicado de explicar. Se nos dice en la Doctrina, que habla o actúa a través de los profetas y verdaderamente éstos se hicieron presentes mediante las palabras que han traspasado el tiempo a través de los siglos en la Biblia, pero Dios es grande y sigue haciéndose vivo en nuestro presente. Suscita hoy y entre nosotros personas que hablan en su nombre (en eso consiste ser profeta) en medio de nuestra asamblea. También ocurrió en la de aquel día de sábado, tal y como hizo a modo de ejemplo por medio de Concha, una verdadera profetisa que proclamó alto y claro con corazón ungido y sincero de niña grande, que JESÚS es CAMINO, VERDAD y VIDA.

              En relación con esta frase, ese mismo Espíritu Santo del que hablamos, ponía en boca de nuestros hermanos Paqui y Jose durante la enseñanza, la pregunta o la reflexión acerca de “quién es Dios para ti” y “quién eres tú para Dios”. Yo me quedo con la respuesta de una mamá de la parroquia acerca de quién eran sus hijos para ella: “mi vida”. Desde esa respuesta, busquemos dentro de cada corazón quiénes somos y cómo nos ama Dios o si de verdad y de qué manera nos sentimos hijos amados (o no…). Busquemos médico y ayuda urgente para el alma en caso de que nos afecte el contenido de este paréntesis.

              La luz, fue una vela y una cascada de oraciones por nuestra hermana Zule, que de la mano de Eva se hizo presente porque estaba en el hospital debido a un ya largo proceso de ELA. A día de hoy, una semana después que es cuando escribo esta reseña, ya sabemos que ha partido a casa del Padre y descansa de toda fatiga. Estoy convencido de que tenemos una nueva ángel que nos acompaña desde el Cielo y allá le habrán puesto una gran medalla porque formaba parte de nuestra familia de familias y le hablará de nosotros a Dios. Tremenda fiesta la que deben tener por allá arriba. Al Buen Dios le agradecemos de todo corazón haberla conocido y haber compartido abrazos y compañía. Os pedimos oración para fortalecer a sus seres queridos en la espera hasta el reencuentro común en El Señor. ¡¡¡ Gracias por la luz que desprendiste en esta Tierra. Descansa en paz y en la luz plena, querida Zule ¡¡¡.

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          Volviendo al Encuentro… nuestro querido sacerdote les tenía preparado algo muuuuuy especial a la comunidad parroquial. Como no podía ser menos, hubo Eucaristía y aunque nos quedamos sin homilía, a cambio hubo sorpresa grandota: el Señor se hizo más presente con la exposición del Santísimo. Momentos de adoración, de alabanza, de palabra. Jesús baja del altar en las manos de Santi para caminar en medio de su pueblo y, como el propio Santi decía, para poder tocarlo como hicieron otros hace veintidós siglos; o incluso más profundamente. Estoy seguro de que el Niño que nació en Belén estaba presente en ese momento VIVO y RESUCITADO y que acarició, sanó y bendijo almas y cuerpos igual de realmente que lo hizo cuando viajaba por el Israel de antaño.

             Como ya es costumbre y además buena, para finalizar hubo “fiestuki” en la parte alta de la iglesia donde se compartieron (según fuentes solventes y creíbles porque no nos pudimos quedar) cosas de esas tan nutritivas y golosas; no faltó de nada y sobró de todo, especialmente amistad y alegría. Gracias a todas las personas de Combarro por su hospitalidad, su servicio y su compromiso. Esperamos volver a veros más adelante.

              Queridas Familias Invencibles, Paz y Bien en estas Navidades, que el Dios que viene a nacer pobre, pequeño y humilde, nos acompañe y nos haga grandes en la Fe y en su testimonio. Con la intercesión de Santa María y San José os deseamos ¡¡¡ FELIZ NAVIDAD en JESUCRISTO !!!

 José Antonio de Ingrid

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