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Un lugar: Tirán/Moaña, Rías Bajas de Galicia. Fue un Domingo, fue 23 febrero y habían pasado aproximadamente dos mil veinticinco años desde nacimiento de alguien muy especial en la Galilea del siglo primero. A veces, equivocadamente creemos que Dios se manifiesta solo en grandiosas cosas, en hechos extraordinarios o milagros de esos que alguna gente “extraña” va diciendo por ahí que ha experimentado en carne propia o cercana. A medida que pasan los años, para mí y para los hermanos que nos hemos ido encontrado, Dios nos va enseñando cosas y a veces nos abre los ojos para ver la realidad de la vida con ojos diferentes, me atrevo a usar este altavoz escrito para deciros que, en ocasiones corremos el riesgo de desenfocar la mirada de nuestra vida. Hoy, cuando escribo, intento compartir lo que creo ir captando según pasa el tiempo desde que empecé el camino junto al Nazareno (más bien desde que Él vino a buscarme porque yo andaba un poco perdido por ahí…).
Y es que no quiero quedarme en hacer un comentario gastronómico, ni quisiera repetir cosas que, por cotidianas, se repiten en cada Encuentro; no quiero aburrirme ni aburriros con banalidades en forma de crónica. Me gustaría, aunque peque de profundo, extraer el caldo y haceros una pastilla de concentrado de carne o pescado tipo “avecrén” y deciros que aunque fue una tarde de Domingo como otras precedentes. En realidad, no lo fue tanto; aunque pareciera que Dios disimulaba, estaba haciendo sus grandes cosas por medio de pequeñas de las nuestras.
Trato de explicarme… Conforme pasa el tiempo, entiendo que el Plan de Dios consiste en pequeñas cosas. Sin darnos cuenta, van sucediendo; no nos damos cuenta pero van sucediendo: las canas de mis hermanos y las arrugas de mis hermanos (ellas no tienen), los centímetros de aquel niño callado que ya nos saca dos palmos en estatura y en sueños para su familia. Es paradójico que la inmensidad de Dios se hace presente en lo diminuto y sencillo y se nos hace complicado apreciarlo porque como somos arte y parte de su propia ejecución no vemos en perspectiva adecuada el conjunto y corremos riesgo de creer que las manos de quien toca el piano o la guitarra, del que se pasa la tarde mirando el teléfono, el que barre el comedor o pone el lavaplatos, del que corta la cebolla, enciende el horno o rehoga el arroz o del que está de paso no es importante en la obra de Dios o no forma parte del “plan”. La presbicia nos alcanza y no llegamos a ver en su conjunto la mano del Alfarero, ni las tinajas que va construyendo, ni -mucho menos- el contenido con el que va rellenándolas. Como grupo, tenemos mucho que ver con el pasaje las bodas de Caná. No sabemos los nombres de los que llenaron las tinajas (no es importante) pero sí lo que hicieron: obedecieron a dos personas MUY IMPORTANTES: Jesús y María (pastilla primera).
Siervos pequeños somos, pero cada uno de nosotros es único y distinto, no habrá otra persona igual a mi o a ti para intervenir en el Plan de Dios, por tanto, no te equivoques: ÉL hizo una inversión en cada uno de nosotros y con lo mucho o poco que nos ha entregado, nos pone a trabajar y lo que hagamos no es grande por su relevancia sino porque lo ponemos a disposición, A unos se les da talento para hacer maravillosas pizzas, tortillas e incluso una espectacular paella “mare- monti”. A otros se les da capacidad para organizar proyectos o personas. Hay a quienes se les dio boca para hablar o transmitir, para ser mensajero, intercesor o maestro, mientras que a otros les concedió El Eterno unas preciosas orejas para escuchar e incluso corazón conectado a ellas para meditar las cosas y hasta -a veces- solucionar necesidades. Por eso no podemos pensar que fue una tarde más, uno de tantos días vacíos… ¡Nooooooo! Fue el día en que dimos pequeños o grandes pasos individuales o en grupo para empezar a trabajar para la Virgen y para su Hijo de cara al próximo ENCUENTRO DE PRIMAVERA DE FFII (segunda pastilla).
La fiesta, con vino excelente o con cosas mejores, continúa muy pronto en Pontevedra, en la Casa del Inmaculado Corazón de María los días 9, 10 y 11 de mayo. ¿¿¿NOS ACOMPAÑÁIS??? OS ESPERAMOS.
José Antonio de Ingrid
