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Un día de comunión y esperanza
El 8 de marzo, bajo un cielo que amenazaba lluvia, celebramos -al unísono con el Encuentro de Invierno en Madrid- el Encuentro Jubilar Diocesano de las Familias, Parroquias y Escuelas. Familias Invencibles, con entusiasmo desbordante, se sumergió en los preparativos, creando un stand rebosante de libros, dípticos y las creaciones de Cristina, como un faro de nuestra misión. Pusimos nuestra ilusión al servicio del Encuentro Jubilar como si estuviéramos en un Encuentro de los nuestros: «El Señor da fuerza a su pueblo; el Señor bendice a su pueblo con la paz» (Sal 28, 11).
Preparativos y desafíos
El delegado de Familia y Catequesis, M. Juan Agost, nos pidió presentar el Encuentro Jubilar. Así que, durante dos semanas, como si se tratase de un Encuentro de Familias Invencibles, nos pusimos a pensar el hilo conductor con la animación. Nos hubiera gustado contar con más tiempo de anticipación; sin embargo, veíamos desde el principio que era Dios quien iba a conducir todo.
Durante estos días, llamamos a muchas puertas para pedir colaboración. Parecía que todo el mundo estaba muy ocupado en otras cosas. En Familias Invencibles de Castellón, contamos con el apoyo de 4 familias que podían acompañarnos. Luego, hicimos piña con otras muchas familias con las que tenemos amistad y relación. Ha sido un día de comunión y de abrir puertas.
Celebración y fraternidad
Nada más entrar al salón, pusimos un poco de movimiento con la canción «¡Sí, Señor! ¡Cambiaré mi tristeza!». Es un día de Júbilo donde queremos entregar todo al Señor. Seguimos con un video del Papa invitando al Jubileo. Luego, la oración de laudes con las Hermanas de la Sagrada Familia de Nazaret. Después, vinieron las palabras del Obispo animándonos a crear una sincronía entre Familias, Parroquia y Escuela. Se ha dado un pequeño paso adelante y nosotros hemos estado allí para verlo.
Durante el resto de la mañana, se presentaron buenas prácticas de la diócesis en el primer anuncio y la evangelización. Nosotros directamente realizamos una «buena práctica». En el café, fuimos al stand, en el que Cristina y Jack estuvieron más al tanto, mientras los más pequeños andaban en sus grupos. La verdad es que estábamos pendientes de muchas cosas, así que yo personalmente creo que no lo disfruté y exploté todo lo que quería.
Nos unimos a los grupos por Arciprestazgos para intentar sacar alguna propuesta concreta para unir fuerzas entre Familia, Escuela y Parroquia. Víctor y Mariam, junto con Rebeca de nuestras familias se unieron al Arciprestazgo de la Trinidad… ¡Hubo frutos!
Durante toda la mañana, el Santísimo estuvo expuesto y numerosos sacerdotes de la diócesis estuvieron disponibles para el Sacramento de la Reconciliación.
Al mediodía, la Virgen del Lledó nos honró con su presencia, precediendo una misa solemne que reunió a más de trescientos fieles. Después, tuvimos una comida fraterna; trajimos comida de casa. Fue un momento para conocer otras familias y compartir la vida. Tras la comida, presentamos a la familia de Paul Ponce -malabarista del Circo del Sol- a la familia de Cristian y Teresa, que también tienen cinco hijos.
Un final espectacular
A las 15:30, comenzamos el festival y el ambiente se caldeó enseguida cantando nuestras canciones para niños. Noa, de nuestras familias, se había vestido de Luce, la mascota del Jubileo, y le hicimos una entrevista explicando todo lo que significa PEREGRINAR con ESPERANZA, con la gracia y la misericordia de Dios. Los más jóvenes quisieron ser los protagonistas. También bailaron -“modo jubileo”- “La hormiguita”, “Alzad las manos”, “Esta casa no se cae”… a modo de bang de animación que tantas veces hemos coreado en nuestros Encuentros. Hicimos una dinámica de formar equipos representando el logo del Jubileo de la Esperanza con esas cuatro figuras abrazadas a la Cruz en el mar de la vida.
Por fin, llegó el momento de Paul Ponce, quien enseguida se ganó a todos los chicos y chicas que iba sacando a interactuar, con los números del balón, las mazas, los sombreros… Toda la familia salió a actuar: Pablo, José y Lili, los tres hermanos mayores, y luego también Alexander y Gabriel, de 8 y 7 años. Susana dijo -metafóricamente- que tenemos que lanzar todo al aire, desprendernos y lanzar al Cielo, para que Dios nos lo devuelva lleno de GRACIAS.
Ha sido un día de BENDICIÓN para todos los que hemos estado y creo que también para los que no, porque cada gesto de ESPERANZA es una onda expansiva. «Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor” (Sal 27, 14). Nos sentimos felices de haber estado en comunión con Madrid y todos los hermanos de Familias Invencibles.
Fernando de Susana
