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El fin de semana del 8 y 9 de marzo de 2025, el Espíritu Santo convocó a nuestra gran familia al XXIV Encuentro de Invierno de Familias Invencibles en el Colegio de Las Reparadoras del Sagrado Corazón, en Majadahonda.
Bajo una incesante lluvia nos reunimos un año más para alabar y glorificar a Nuestro Señor con un solo corazón. Tal como esperábamos, se derramó en aquel lugar una lluvia aún más copiosa de bendiciones.
Los brazos extendidos de la majestuosa talla del Sagrado Corazón de Jesús que preside el hall del Colegio eran la imagen perfecta para el lema de nuestro Encuentro “VENID A Mí TODOS”, traído del Santo Evangelio según San Mateo 11.28.
Siendo la continuación de la frase evangélica escogida -“… los que estáis cansados y fatigados que Yo os aliviaré”- la invitación del Señor a acudir a Él tiene como objetivo que seamos sanados. Por eso, el programa del Encuentro giraba en torno a la sanación.
Así, en año jubilar, con la Cuaresma recién estrenada, es decir, en pleno tiempo de Misericordia y conversión, el Señor nos convocó para sanarnos y poder caminar como “peregrinos de la esperanza”.
Ya en la acogida experimentamos la extraordinaria alegría, no sólo del reencuentro con nuestros queridos hermanos de distintos lugares de España, sino también de recibir a familias que venían por primera vez, deseosas de experimentar el don del Espíritu Santo en la unidad familiar de nuestra fraternidad.
Para ir abriendo los corazones, los elevamos al unísono en alabanza y acción de gracias al Señor. Nuestras preocupaciones, problemas, debilidades y fatigas quedaban en un segundo plano… para ceder el protagonismo al ÚNICO merecedor de honor y gloria.
La enseñanza de nuestra querida hermana Inmaculada Moreno bajo el título “Sanar para ser don” nos dio importantes claves para detectar heridas interiores. Explicó la sanación como un proceso que comienza con la “iluminación”, seguida de la “exteriorización” para llegar a la “salvación”. Siguiendo los textos de San Juan de la Cruz, nos animó a discernir a través de las facultades del alma (entendimiento, voluntad y memoria) el origen de las heridas como primer paso para la sanación. Y con la mirada puesta, no tanto en nosotros, sino en Cristo, único que puede sanar, dejarnos hacer por Él.
El descanso nos dio la oportunidad de charlar distendidamente con muchos hermanos queridos que no viven en Madrid y a los que vemos con menos frecuencia, compartiendo café con deliciosos bizcochos caseros.
Llegó el momento más importante del Encuentro, la celebración de la Eucaristía. Una vez más, Jesús se hizo Presencia Real para todos nosotros. La Palabra de Dios daba pleno sentido al tema principal del Encuentro, con la lectura del Evangelio de San Lucas (5, 27-32) “No necesitan médico los sanos sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos sino a los pecadores a que se conviertan”.
Después de la comida, y para hacer más ilustrativa la enseñanza que vendría a continuación, algunos hermanos hicieron una representación teatral de diversas escenas cotidianas en cualquier vida familiar mostrando ocasiones en las que hemos podido dañar o ser dañados dentro de nuestro hogar, lo que fue muy edificante a la vez que ameno.
Posteriormente se dio entrada a la enseñanza “Sanando las relaciones familiares” del matrimonio de nuestros hermanos José Antonio Pérez y Rosa Sánchez. El Señor no quiere familias perfectas pero sí familias sanadas. El cambio empieza por nosotros mismos. Debemos detectar las heridas sufridas en las relaciones con nuestros padres, para después trabajar aquellas de nuestro matrimonio y las de la relación con nuestros hijos. Las heridas no se pueden enterrar esperando a que el tiempo las cure. Se resaltó la importancia de la escucha y del perdón que se realiza a través de un proceso y un trabajo diario con la Gracia de Dios.
A continuación, recibimos el testimonio de vida de la Familia Gómez Samblas, formada por Alex y Coro y sus 8 hijos con diversos tipos de discapacidad (uno de ellos en el Cielo). Ellos nos compartieron como, desde su primera visita a Kenia sintieron la llamada de Dios a trabajar en favor de familias que tuvieran hijos con discapacidad. Esa inspiración se tradujo en la Asociación Matunda Familia, con sede en Boadilla del Monte.
La grandeza de su testimonio, inspirado fuertemente por el Espíritu Santo, radicaba en la visión de la discapacidad como una bendición, y los hijos con discapacidad como un inmenso regalo del Cielo. El Espíritu hace posible lo que humanamente parece imposible y, siguiendo su soplo, como lo hizo esta familia, daremos fruto y un fruto que permanece.
Llegó el momento de aprender jugando para grandes y pequeños a través de una divertida dinámica que nos mostró las principales heridas o pecados a los que estamos expuestos. Cada uno de ellos lo representamos con nudos en una cuerda. Junto a ese nudo atamos un letrero con textos de la Palabra de Dios.
Esas cuerdas colgarían poco después de una Cruz en la Capilla donde tuvo lugar la Adoración al Santísimo y la bendición de las familias.
El sacerdote nos entregó unas facturas en blanco que rellenamos con aquellas deudas que consideramos que otros tienen con nosotros para luego ponerlas a los pies del Señor en la convicción de que Él ha pagado todas esas facturas con su Sangre.
El Domingo, tras la oración comunitaria de Laudes, nuestra hermana Inmaculada Moreno volvió a dirigirse a nuestras familias mediante la exhortación “Sanados y enviados”. Con la imagen de la Iglesia como una barca, los que hemos sido sanados debemos evangelizar a las personas que el Señor pone en nuestro camino diario. Desde la orilla no se pesca bien, para ir mar adentro en busca de más peces hay que soltar amarras. Para ello necesitamos los carismas del Espíritu Santo que ha otorgado a la familia un poder increíble de evangelización.
Qué mejor ejemplo del poder de Dios en la familia que el gran testimonio de vida y obra que se nos iba a regalar a continuación. El de la familia de Daniel y Lola.
Este matrimonio de enfermeros, padres de 7 hijos, nos hicieron partícipes del proyecto al que el Señor les llamó para dar acogida a los más necesitados. Se trata de la Comunidad Misión Emmanuel, en Tres Cantos. Empezando como una pequeña semilla de mostaza hoy en día cuentan con hasta veinte plazas para personas en situación de exclusión social con su “Proyecto Abraza”. También acogen a otras personas necesitadas de sanación espiritual por medio de su “Proyecto Encuentro”.
Con estos testimonios de vidas entregadas, vimos ejemplos reales de lo que se nos había dicho en las enseñanzas: que nuestra sanación no es sólo para nuestra salvación sino para la de los demás.
Finalizamos con la Eucaristía en la que la Palabra nos indicó el camino de la sanación sobre el que habíamos meditado durante el Encuentro: “TODO EL QUE INVOQUE EL NOMBRE DEL SEÑOR, SERÁ SALVO” (Rm 10, 8-13).
Nuestra sanación, o lo que es igual, nuestra salvación sólo es posible a través y por medio del Señor.
Finalizamos nuestro Encuentro con la comida en familia, llenos de agradecimiento al Señor y a todos los servidores, a los voluntarios en cafetería, encargados del cuidado y entretenimiento de los menores, de la alabanza y, en definitiva, a todos aquellos que llevaron el grueso de la organización, pero también a cada hogar que abrió sus puertas para acoger. Agradecidos y sanados por el amor de Dios expresado en cada gesto de servicio y de cariño, y en cada sonrisa.
Carmen Alba

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Ha sido un Encuentro de Familia para todos nosotros… Nos hemos encontrado con familias que no veíamos desde el verano, un gran encuentro entre hermanos. Aunque hemos echado en falta a familias muy queridas, el Señor se ha manifestado cubriendo todas las necesidades y hemos experimentado su gracia en la pobreza.
—> Para Marta ha sido muy retador por su responsabilidad con el Ministerio de Liturgia, ha notado especialmente la gracia del Señor en el servicio y como la sostenía desde el viernes, con los preparativos y después en todo el Encuentro.
—> Samuel y Dani se han entregado en la alabanza y con los adolescentes.
—> Para toda la familia, la donación y ver la donación de los hermanos responsables ha sido muy importante.
Este Encuentro se ha destacado por los testimonios de las familias invitadas: unos, el sábado, con cuatro hijos adoptados con discapacidad; y otros, el Domingo, por el don de acogida a los pobres. Ambas familias nos han dejado impresionados por su generosidad.
Y, como siempre, el plato fuerte de la Adoración del sábado, dónde el Señor se derramó en todos nosotros, “pagando la factura” de todas nuestras deudas.
Pablo Alarcón

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Testimonio de Mari y Pascual
