En la Casa de la Misericordia

              Queridos Invencibles:

              ¡Buenas noches nos da Dios! Cuando escribo este comentario acerca del último Encuentro de curso que pudimos disfrutar ayer sábado 17 de junio, 2023 años después de que Jesús de Nazaret se decidiera a venir a compartir planeta con nosotros siendo quién era.

              La cuestión es que seguramente si no hubiese venido Cristo, ayer no hubiese habido tremenda fiesta en una pequeña parroquia próxima a Pontevedra, de hecho tampoco habría existido esa preciosa capilla que lleva allí desde el S XII aproximadamente. Y es que Alba es pequeña en territorio, pero grande por quienes la pueblan y muy bien situada porque está al pie del camino de Santiago.

                Precisamente porque sabíamos que es lugar de encuentro y acogida de peregrinos del camino y de la vida, y sabiendo que hay un lugar pegadito a la iglesia parroquial que alguien con mucha sabiduría ha bautizado como “Casa de la Misericordia”, allá se fue ayer nuestra familia de familias con idea de pasar un día en excelente compañía. Desde hace unos meses, habita en ese pintoresco lugar, un curioso y querido personaje que viste hábito blanco y que ejerce de “eremita diocesano”: Carlos Ruiz, un sacerdote ordenado en la Diócesis de Getafe, pero que el Buen Dios nos ha regalado para acompañar a las personas que se acercan por esta tierra sin importar su origen cercano o distante a este punto un tanto escondido, pero tan representativo del paisaje rural gallego.

              Cerca del mediodía, frente a la fachada de esta antigua casa señorial, quisimos empezar las actividades y lo hicimos con el rezo de un rosario, sabiendo que Nuestra Señora, Santa María de Alba, es la advocación que da nombre a esta parroquia que nos recibía y a nuestra madre le encomendamos nuestras pequeñas y grandes cosas.

              La hospitalidad del hermano Carlos, nos permitió compartir su hogar y nos abrió las puertas de par en par. El trabajo de varias personas (inclusive los más jóvenes) que madrugaron para encargarse de los preparativos, las brasas y de disponer las mesas y los lugares, tuvo suculenta recompensa a la hora de la comida en forma de típica “Churrascada galega”. La organización no tuvo compasión de los asistentes y nos pusieron inmediatamente y sin tregua ni siesta, a participar en juegos de alto riesgo, como viene siendo habitual, con carreras, colisiones personales, caídas y competitividad a tope. Hubo también momentos de tensión y carcajadas por el ataque de ciertos animales domésticos con pluma y pico, pero gracias a Dios y a la providencial intervención de algún hermano sacrificado y valeroso, se pudo salir con bien de todo peligro.

              Tras la tormenta, vino un poquito de descanso en forma de tertulia en torno al Hermano Carlos, momentos para compartir preguntas y opiniones. Personalmente creo que fueron instantes en que El Espíritu Santo sopló por boca de algunas personas durante el diálogo y se pusieron de manifiesto varias tendencias de actuación para el futuro como grupo. Creemos y coincidimos en que es tiempo de cambio y de apertura a los jóvenes, y en ese sentido el hermano nos indicó algunos criterios que debían prevalecer en nuestra relación respecto de ellos: libertad de acción, no tanta tutela, autogestionar sus necesidades, dejarles decidir cómo hacer sus propias cosas y no pretender imponer las nuestras amparándonos en la experiencia y la edad. Creemos que es tiempo de servir más y mandar menos, los errores pueden ser también, fuente de aprendizaje.

              De estas reflexiones surgieron proyectos para empezar a dejar volar sus cometas juveniles por sí mismos, y darles vida práctica a las palabras bíblicas que nos hablan de “ensanchar las tiendas” (literalmente, es momento para que acampen). Démosles una oportunidad no solo a ellos, sino al propio Espíritu de Dios, dejémonos sorprender por Él, a través de ellos.              

              Los vientos de novedad también se mostraron respecto del cambio en las responsabilidades que, de una forma absolutamente natural y por iniciativa propia tras la tertulia, han sido asumidas por dos familias que toman el compromiso de liderar desde el servicio el nuevo equipo que gestionará los proyectos de Familias Invencibles en Galicia. A partir de septiembre, con el inicio del nuevo curso. Eva y Nacho, Claudia y Gilberto y sus respectivas familias y ojalá alguien más tomarán el relevo para seguir trabajando en el proyecto común de acompañamiento familiar cristiano. El equipo tiene lugar para más matrimonios con los que contamos para añadirse, no está cerrado y esperamos su ofrecimiento si acaso no pudieron estar presentes.

              No podíamos quedarnos sin lo mejor de la vida espiritual y con el alma alegre porque todo se había producido en paz, con suavidad y sin desasosiegos, nos fuimos hacia la iglesia a celebrar la eucaristía presidida por Carlos, dueño de una casi perpetua sonrisa. Le vimos feliz y en su homilía hubo muchas pinceladas iluminadoras de nuestros pensamientos y nuestras decisiones, por ejemplo, la alusión a un Jesús niño que empezó a tomar control en su vida ya con doce años… Seguro que ese pasaje nos dice algo a nosotros siendo padres o formando parte de este grupo ¿o no…?. Fue una celebración festiva, con nuestro toque carismático (felicitaciones a nuestro ministerio de música). Tras la misa, un breve descanso, alguna conversación y la guinda del postre: Exposición del Santísimo, con adoración muuuuuy intensa, emotiva, profunda, sembrada de alabanzas, de acción de gracias, de silencios que hablaban y de momentos para la intercesión por los jóvenes y sus familias … Todo un privilegio haber estado allí frente al cuerpo vivo de Jesús tan PARTIDO como la hostia en la que habitaba ayer sobre un altar de una pequeña capillita y que nos hablaba de una lanzada atravesando el corazón a un crucificado de hace dos mil y pico años…

              En fin, lo que contase a partir de aquí, poco importante sería. El hermano Carlos tiene trabajo de eremita, vive como eremita y sus horarios son de eremita, así que nosotros nos ajustamos a sus horarios y régimen de vida, de modo que acabada la adoración, tocó recoger trastos, limpiar, ordenar y volar cada mochuelo a su olivo con el espíritu exultante (como María…), felices de vivir el regalo de un día pleno, no sin antes repartir besos, abrazos, achuchones y bendiciones a diestra y siniestra. Yo también aprovecho este momento para volar a mi mullido nido y enviaros un DIOS OS BENDIGA A TODOS cuantos leéis estas líneas. ABRAZOS GIGANTES EN Y DESDE EL CORAZÓN DE CRISTO.

José Antonio de Ingrid

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