Queremos agradecer todas las oraciones por este Encuentro, que finalmente quedó en una tarde. La vía más corta para la santidad es atender los signos, inspiraciones y discernimiento de los hermanos para saber lo que Dios quiere. Dios tiene sus caminos. Estamos seguros de que nos ha concedido todo lo que le pedíamos en este Encuentro de otoño, porque Dios trabaja y hace en un segundo en nuestra alma todo lo que teníamos pensado para dos días y medio.
Nuestro Encuentro giraba en torno a servir. Hemos visto cómo muchos se ponían en marcha para servir con los preparativos del Encuentro: una persona se ofreció para hacer las credenciales; otra para las inscripciones. Distintos hermanos colaboraron en la preparación de la yincana, las enseñanzas y testimonios, los adornos florales… e incluso tuvimos ensayos del ministerio de música y alabanza los días previos . Todo con mucha ilusión, en el marco de la actividad trepidante que siempre pedimos para Familias Invencibles. Han sido dos meses de preparativos, si no efectivos, sí de orar y discernir. Esto es un gran regalo de Dios para nosotros como matrimonio responsable, porque nos hace crecer y estar centrados en las cosas de Dios.
Se da la paradoja de que el Encuentro se ha realizado de una forma misteriosa en nuestro corazón y en el de los hermanos que anhelaban acudir. No se puede repetir tal y como lo habíamos concebido este puente tan especial de Todos los Santos. Hemos vivido lo que teníamos que vivir. Esperamos poder disfrutar en otro momento de alguna de las predicaciones y enseñanzas; de los juegos también. ¡Todo será nuevo y actualizado!
Nos ha tocado vivir un momento de incertidumbre y de conmoción al ver el dolor por tantas pérdidas y la destrucción provocada por el agua. Sucedió todo rápido como dice la Palabra, como un ladrón en la noche. Nosotros tan metidos en los preparativos, no vimos mucho más. Los hermanos de Madrid y Valencia no podían venir; tampoco los jóvenes que venían a colaborar con los niños. No fue hasta el viernes por la mañana, que volvió a amanecer con lluvia, cuándo vimos que nuestro Encuentro de otoño había cobrado claramente un cariz de plegaria e intercesión.
Sabíamos que las familias de Valencia estaban bien, aunque alguna había perdido su coche y habían pasado penurias y miedo. Ese mismo viernes por la mañana, el Padre Josep a las 9.00 de la mañana nos pedía cambiar nuestro horario para celebrar la Eucaristía por la mañana, porque él no podía acudir por la tarde. Pero la lluvia era copiosa… Por ello decidimos anular la actividad de la mañana y pedimos a cada familia que fuera a misa, siempre que el trayecto a la parroquia fuera seguro. Aunque el clima nos llenaba de dudas, albergábamos la esperanza de poder reunirnos por la tarde las familias de Castellón .
Por otra parte, en nuestro corazón empezó a fraguarse la certeza de que teníamos que renunciar a nuestros planes (lo que incluía la suspensión del Encuentro el sábado y el Domingo) y ver “en los signos de los tiempos” lo que Dios quería. Tuvimos una oración online con nuestros hermanos Rosa y Jose (como representantes en nuestro Encuentro de Comunidade Caná) para poder tomar la decisión adecuada. El Señor nos guiaba por su senda de humildad. Durante la oración, nos regaló la siguiente Palabra: “No merezco desatarle la correa de sus sandalias» (podéis ver el paralelismo con el cartel del Encuentro). “Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego” (Lc 3, 16 ).
A medio día del viernes cesó la lluvia. Y a las 16,30 comenzábamos con la Alabanza en la capilla del Colegio Mater Dei, con mucha participación de los niños, una amplia mayoría, “una multitud enana”. Seis familias, con una media de 3 a 4 hijos. Vivencia intensa, no de puro sentimiento, sino desde un fiarse en la promesa de Dios, como Job. Álex nos ayudó a niños y a adultos a orar con la música y el canto. Llegado días antes de Galicia, de alguna manera representaba a todo el resto de miembros de FFII que no habían podido acudir.
Después, Víctor y Mariam nos dieron su testimonio de cómo Dios no les abandona. A pesar de llevar pocos meses en España, por medio de la Virgen acaban de encontrar un piso digno en el que vivir.
La tarde siguió teniendo de fondo la parábola del Buen Samaritano, que ahora tenemos que poner muy en práctica. Tuvimos un momento de juego, en el que los padres tenían que adivinar los distintos santos que los niños habían coloreado.
A las 18:30 iniciamos un Rosario con la procesión de la Virgen por el colegio. Para mí (Fernando) fue uno de los momentos más intensos. Conseguir las andas y todos los preparativos fue algo laborioso, pero el ir todos caminando en el exterior, con la Virgen, sin viento, ni lluvia, en medio de la calma de la tarde… fue “un Tabor». Los niños iban y venían corriendo alrededor de la imagen, unas veces ayudando, otras rezando. Y todos al ritmo de Gema, que tiene 9 años y dificultades para caminar, si bien la Virgen la va fortaleciendo cada día.
Fue muy hermoso verla caminar, más de lo que acostumbra, sostenida por su madre y Rebeca. Con un corazón encendido, más que la coronita de su disfraz de ángel, que ella representa a la perfección y que nos conectó aún más si cabe con la realidad del Cielo y con la presencia de los ángeles entre nosotros.
Hemos tenido tiempo para jugar un rato a Un, dos, tres… ¿qué santo ves?. Fue uno de los juegos preferidos de los niños, que avanzaban y luego se quedaban parados en forma de estatua. Mientras, en la capilla otra imagen: Gema tumbada sobre la alfombra, juega con la pequeña Chiara (nos recuerda el milagro y el valor de la vida) y trata de enseñarla a gatear. Porque todos tenemos siempre algo que podemos entregar… Allí se respiraba una dulzura y ternura que nos venía de lo Alto.
Terminamos nuestro compartir con una Adoración: todos de cara al Señor, orando e intercediendo unos por otros. José Antonio, el sacerdote, parecía agotado, pero allí estaba sirviendo, postrado con nosotros ante el Señor. Y nosotros agradecidos, constatando -una vez más- que Dios es fiel.
Realmente todo iba de santidad esa tarde, de seguir buscando la voluntad de Dios para cada familia. Lo que seguro quiere es que sigamos unidos y acogiendo a más familias que quieran fortalecer y compartir su fe. Una fe que ninguna riada se pueda llevar, a pesar del sufrimiento y del dolor.
Gracias a todos los que formáis parte de esta Fraternidad, por vuestra oración, por las llamadas y mensajes de cariño y de aliento. Mario y Adriana, como responsables de FFII, han estado junto a nosotros colaborando y muy pendientes de todo. De lo que no nos cabe duda es de que los frutos de FFII se deben a que somos una Familia de familias en torno a Jesús… como vemos en esta última imagen.
Señor, míranos a tus siervos, elegidos y amados por Ti. Concédenos escuchar siempre tu voz y fortalécenos con tu gracia, para que podamos llevar a cabo el bien que deseas, bajo el amparo de nuestra Madre María.
¡Gloria a ti por siempre!
Fernando y Susana
